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La pardela cenicienta atlántica: una vida ligada al mar

La pardela cenicienta atlántica: una vida ligada al mar

De entre las especies de aves que viven en Canarias, la pardela cenicienta atlántica (Calonectris borealis) es por diversas razones de especial interés.

No es muy desconocida; bien al contrario, muchas personas están acostumbradas a verlas en mar abierto, saben identificar el extraño reclamo que emiten cuando se dirigen durante la noche a sus colonias de cría, o están familiarizadas con las campañas que regularmente se realizan desde organismos públicos con la colaboración del voluntariado y participación ciudadanas para ayudar a su conservación. Esta combinación de factores la han llevado a convertirse en una «especie bandera» como objeto de actividades de educación ambiental. El nombre científico citado anteriormente corresponde a la denominación actual (antes era Calonectris diomedea borealis), ya que las poblaciones atlánticas y las mediterráneas han sido separadas en dos especies diferentes.

En las próximas líneas intentaremos conocer un poco mejor a la pardela cenicienta y quizás también contribuir a la admiración por este singular integrante de la avifauna canaria. Empezaremos diciendo que se trata de un ave marina pelágica, es decir que su hábitat principal es el mar abierto (el término viene del vocablo griego pélagos que significa eso mismo). Vive en todas las islas, islotes y roques marinos de Canarias, así como en los vecinos archipiélagos de Salvajes, Madeira y Azores. No las veremos nunca posadas en la costa sino haciendo su vida en aguas abiertas. Únicamente acuden a tierra para reproducirse; lo cual ocurre siempre en zonas abruptas, a veces llanas, siempre que tengan cavidades y estén libres de molestias, pero en la mayoría de los casos en laderas rocosas de fuerte desnivel. No son amigas de la soledad y durante el periodo reproductor forman colonias que pueden albergar desde decenas a cientos de parejas. Puede sorprender esto de un ave marina pero esas colonias de cría no se encuentran solo en áreas costeras sino con frecuencia tierra adentro, en barrancos a varios kilómetros de distancia del mar.

 

De color grís-marrón en el dorso y blanco en el lado inferior (lo cual ayuda a dificultar su detección a depredadores tanto desde el aire como desde el agua), su silueta planeando o aleteando a baja altura sobre la superficie del mar, o descansando en ella en grupos, es frecuente de ver durante gran parte del año. Sin embargo las pardelas cenicientas son migradoras y por ello se encuentran prácticamente ausentes de nuestro archipiélago entre noviembre y buena parte de febrero. Realizan un largo viaje que las lleva a las costas de Sudamérica donde pasan la mayor parte del invierno. Es durante el mes de marzo cuando, en número creciente a medida que pasan las semanas, la presencia de esta pardela se va haciendo cada vez más notoria en las aguas de Canarias.

Durante el mes de abril se van formando las parejas que se mantienen cada vez más próximas a sus colonias de cría. No es sin embargo hasta finales de mayo y principios de junio cuando se produce la puesta de un único huevo. Bien entrado el mes de julio se produce el nacimiento del pollo, al que los progenitores dedicarán todos sus esfuerzos durante cerca de tres meses, haciendo para ello con frecuencia largos vuelos en la búsqueda de alimento; pequeños peces de aguas abiertas que capturan cerca de la superficie. Algo nada frecuente en el mundo de las aves sucede en octubre: los pollos son abandonados a su suerte, los adultos comienzan su migración y las jóvenes pardelas tendrán  que terminar su desarrollo absorbiendo  en su cuerpo la grasa que han ido acumulando mientras sus padres las han estado alimentando.

Llega por fin el momento más delicado en la vida de las pardelas cenicientas. Solas y sin nadie que las guie abandonan la hura (cavidad nido) donde han vivido hasta entonces y -siempre de noche- vuelan hacia el mar. Las iluminaciones nocturnas de áreas urbanizadas próximas a la costa son un grave problema pues causan desorientación a los juveniles que en muchos casos acaban de forma accidentada en algún lugar desde el que no pueden retomar el vuelo. Por esta razón en Tenerife, durante este periodo tan crítico -la segunda quincena de octubre y la primera quincena de noviembre- se realiza una campaña para recuperar a estas jóvenes pardelas, curarlas si procede y siempre que sea posible, ayudarlas a llegar al mar, que dirige el Centro de Recuperación de Fauna Salvaje La Tahonilla, adscrito al Área de Medio Ambiente del Cabildo Insular de dicha isla. Similares campañas se realizan también en otras islas. Es importante resaltar que no se recuperarían y liberarían posteriormente todos los años muchos cientos, e incluso miles, de estas jóvenes aves -que de esta forma obtienen una segunda oportunidad- sin la colaboración altruista de muchas entidades y ciudadanos que participan en esta encomiable labor.

Otros problemas ambientales también afectan a las pardelas cenicientas: artes de pesca abandonadas en el mar, en las que algunas aves pueden acabar enmarañadas, contaminación por hidrocarburos, ingesta de plástico que puede ser confundida con alimento, depredación de pollos por parte de predadores introducidos tales como ratas y gatos. Finalmente, la captura de pollos para el consumo humano (el pardeleo), un aprovechamiento tradicional hoy en día en franco declive, y que solo pervive de forma residual en las islas orientales, también ha causado serios perjuicios a las colonias de pardelas.

 

Como podemos ver, ante tantos problemas causados de forma directa o indirecta por los seres humanos, también nos corresponde a nosotros hacer lo posible por mejorar la calidad ambiental del mar y áreas costeras y, en definitiva, esforzarnos en conservar a esta admirable especie.

Miguel Fernández del Castillo

Agradecimientos: a Beneharo Rodríguez, autor de las fotos, por cederlas para ilustrar este artículo.

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